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miércoles, 20 de abril de 2022

¡Trabajo sí hay! Sena abrió vacantes laborales en Estados Unidos


Le contamos cuáles son los perfiles y el salario destinado a estos empleos.

El Sena, a través de la Agencia Pública de Empleo, anunció una nueva convocatoria para 60 vacantes laborales en Estados Unidos.

Entre los perfiles solicitados, se encuentra el de Auxiliar de Enfermería para trabajar en Dakota del Norte. La fecha límite de postulación es para el 8 de mayo del 2022 y se recibirá un total de 10 candidatos.

El salario mensual sería entre 6 a 8 millones de pesos colombianos. Entre las funciones se encuentra apoyar en procedimientos tales como terapia respiratoria, aplicación de compresas y remoción de suturas, o admitir personas al servicio según normativa de salud, pero para encontrar toda la lisa de actividades puede entrar a este link.

Ahora bien, también hay ofertas laborales para el cargo de Embalsamador de Carrocería, en Nashville-Davidson. Las aplicaciones se recibirán hasta el 8 de mayo y tendrá un salario dentro de los 6.000.000 a los 8.000.000 millones de pesos.

El perfil del cargo requiere que las personas lleven a cabo funciones como colocar e instalar partes y sub-ensambles como motores, transmisiones, tableros, de puertas o de instrumentos, utilizando herramientas manuales, mecánicas y otras ayudas como grúas elevadoras, también operar equipo de ensamble automatizado, como equipo de robótica y de automatización fijo.

Si desea conocer más detalles de la convocatoria pueden acceder a este link.

El programa aceptará a 50 candidatos, para un total de 60 vacantes en el exterior por parte de el Sena.

Fuente: Sistema Integrado De Información

Cinco claves para el regreso del Cúcuta Deportivo


El Cúcuta Deportivo jugará en la B desde el segundo semestre de 2022.

El Cúcuta Deportivo recuperó este miércoles 20 de abril su estatus como miembro afiliado a la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano luego de estar excluido del ente rector de los campeonatos por 17 meses.

En noviembre de 2020, luego de que el Ministerio del Deporte suspendiera su reconocimiento deportivo y la Superintendencia de Sociedades decretara el inicio del proceso de liquidación judicial, la Dimayor determinó desafiliar al conjunto motilón.

Hoy, tras confirmarse que el fronterizo tiene activo su reconocimiento y estar bajo el proceso de reorganización empresarial, el regresó fue confirmado.

Las claves del retorno

1. Regreso del equipo a manos de José Augusto Cadena: Tras pactar un nuevo acuerdo con los acreedores el pasado 23 de febrero, la intervención administrativa de la Supersociedades terminó y el equipo volvió a manos de sus accionistas, siendo José Augusto Cadena el mayoritario.

A pesar de que el polémico dirigente fue el responsable de la gran crisis del Cúcuta y llevarlo al estado en el que se encontraba por sus constantes incumplimientos, la Dimayor, en sus reiteradas negativas a los liquidadores para darle ingreso al club, demostró que sin Cadena, el Cúcuta no tendría su espacio en la entidad.

Tal como lo dijo Ramón Jesurún (presidente de la FCF) cuando fue cuestionado por su gestión: "en la asamblea los verdaderos dueños del fútbol nos reeligieron por 4 años", frase que encaja perfecta para José Augusto.

Cadena es un viejo conocido en el ente al estar en él por más de 15 años gracias a sus presidencias en el Atlético Bucaramanga, Patriotas y el Cúcuta. El expresidente el rojinegro entre 2014-2020, no podrá estar en el órgano administrativo, pero fue estratégico y dio el rol presidencial a Eduardo Silva Meluk, otro conocido en la DImayor tras su paso como presidente de Millonarios y Medellín.

2. Nuevo acuerdo de reorganización: ante la Superintendencia de Sociedades se pactó un nuevo acuerdo de reorganización para salir del proceso de liquidación judicial. El acuerdo fue logrado gracias al trabajo del anterior liquidador Rodrigo Tamayo y que las autoridades locales (Alcaldía de Cúcuta e IMRD) cedieran para que se pactara el 23 de febrero.

Este acuerdo fijo plazos para pagar cerca de 13 mil millones de pesos en un periodo de 14 años.

Asimismo esto fue motivado desde la llegada de Billy Escobar como Superintendente, quien agilizó el proceso con el trabajo conjunto del juez del concurso, Johann Manrique.

3. ¿Orden presidencial al Mindeporte?: en diciembre de 2020, en una de las visitas del presidente Iván Duque a la ciudad, se comprometió con el rojinegro asegurando que podría ser un facilitador para darle solución al tema.

En diálogo con Tu Cúcuta, Guillermo Herrera, actual ministro del Deporte, señaló que Duque le pidió darle trámite al caso del Cúcuta.

Previo a la anterior asamblea en Dimayor (16 de marzo), Mindeporte le comunicó a la entidad y a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) que el Cúcuta tenía su reconocimiento deportivo activo gracias a unas excepciones permitidas por la declaratoria de la emergencia sanitaria.

Este argumento fue dado hasta el mes anterior. Nunca antes se había mencionado y se presumía que el reconocimiento estaba vencido.

4. Jorge Luis Pinto y la fundación Amigos del Cúcuta Deportivo: aunque algunos sectores del entorno Cúcuta Deportivo quisieran desconocer el trabajo de Jorge Luis Pinto, su rol fue clave en el pago de la sanción que llevó a la suspensión del reconocimiento. Fueron 106 millones otorgados por la fundación para el pago de dicha deuda.

Reuniones con presidentes de diferentes equipos del país, acercamientos constantes con el Ministerio del Deporte y encuentros con la Supersociedades para buscar soluciones.

5. Órdenes judiciales: desde la Supersociedades regional Bucaramanga, Johann Manrique emitió órdenes de embargo y secuestro de bienes del club, entre ellos el derecho de participación que la misma Dimayor quiso desconocer. Este hecho permitió blindar la ‘ficha’ e impedir que en estos 17 meses fuera otorgada a alguien más.

Está acción fue impulsada, en parte, por la batalla que dio el primer liquidador Arturo Acosta Villaveces contra la Dimayor.

Fuente: Sistema Integrado Digital

La historia de los colombianos que pelearon en la revolución Sandinista


Miembros de la Brigada Simón Bolívar hablan de su decepción por régimen de Ortega en Nicaragua.

“En calle 17 nº 4-49, oficina 201 de Bogotá, están necesitando gente. No dan trabajo ni prometen enriquecer aspirantes de la noche a la mañana a través de la venta de enciclopedias. Lo único que ofrecen es la posibilidad de perder la vida, sometiéndose a riesgos e incomodidades y llevar durante un tiempo incierto una vida llena de peligros. A cambio sólo brindan la oportunidad de luchar por la liberación de un pueblo. En este lugar funciona la oficina de reclutamiento de combatientes colombianos que quieran voluntariamente alistarse en la lucha armada contra la dictadura de Anastasio Somoza en Nicaragua”.

Este fragmento fue escrito por el periodista y escritor Daniel Samper Pizano en mayo de 1979 en su habitual espacio conocido como Reloj, una columna de opinión publicada en Tu Cúcuta en aquella época.

Durante los años 70, América Latina, sacudida por dictaduras que gobernaban la mayor parte del continente, se dejó seducir por una revolución que hasta hoy es la última insurrección armada que logró poner fin a una dictadura en la región.

Se trata de la revolución Sandinista, en Nicaragua, la cual fue encabezada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), tras el impacto de la revolución cubana y tomando el nombre de Augusto César Sandino, quien luchó contra la intervención estadounidense en este país centroamericano y fue asesinado en 1934.

Como se puede leer en la publicación, desde Colombia académicos, estudiantes y trabajadores invitaban a enlistarse para apoyar la revuelta contra Somoza en lo que se conoció como la Brigada Simón Bolívar.

Uno de los que acudió al llamado fue Simón*, un entusiasta docente de matemáticas nacido en Barranquilla que vio en este acontecimiento una oportunidad de ayudar a la construcción de un mejor mundo.

“La brigada se llamó así porque nosotros éramos un grupo político bastante intelectual y sabíamos de la importancia de la historia –recuerda Simón–. Su nombre hacía alusión a las Brigadas Internacionales convocadas en Estados Unidos en 1937, para apoyar la lucha contra Franco en España”.

De esta forma, emulando al premio nobel Ernest Hemingway, quien hizo parte de las Brigadas Internacionales en España, Simón partió hacia Nicaragua acompañado de un puñado de colombianos que respondieron al llamado.

Hubo conciertos, recolectas y hasta una “vaca”, como llama Samper Pizano a la solidaridad de muchos, hasta de él, para que los colombianos pudieran viajar. Fue tanta la gente que se apuntó que llegaron muchos más que los que se podían trasladar.

“El periódico New York Times nos atribuyó ser hasta 700, yo digo que unas 400 personas se enrolaron de varias partes de América Latina –señala Simón–. Políticamente, éramos gente ligada al socialismo no estalinista, y quisimos aportar a una causa que en ese momento parecía buena y estaba apoyada hasta por los gobiernos de Panamá y Venezuela”.

La decisión se tomó desde las oficinas del Partido Socialista de los Trabajadores. Es así como a comienzos de 1979 se empieza a dar el movimiento de brigadistas que partían con rumbo a una ilusión, una semilla que crecía por toda la región.

“Esto no fue más que una reacción contra la dictadura nicaragüense –asevera Samper Pizano–. Un apoyo de la ciudadanía para tumbar la dictadura. Algunos salían, se enlistaban y marchaban hacia Nicaragua, y otras personas, muchos de izquierda, contribuían con donaciones para financiar la operación. Eso fue la brigada”.

La llegada

Según el relato de Simón, quien en la actualidad se dedica a la docencia, los miembros de la Brigada Simón Bolívar llegaron en avión a Liberia, una ciudad al norte de Costa Rica que se encuentra a unos 75 kilómetros de Nicaragua.

“Yo me monté como en tres aviones para poder llegar a Costa Rica –recuerda, entre risas, Simón–. Todo en viajes gratis, porque hasta los pilotos estaban contra el gobierno de Somoza. Ya en Liberia llegamos a una casa de seguridad en la que primero ayudamos a pasar a la gente hacia Nicaragua, era difícil entrar porque en toda la frontera también había enfrentamientos, estaba todo muy vigilado”.


Las comunicaciones que se mantenían con las personas que poco a poco iban llegando era que tuvieran algunos dólares, que era todo lo que necesitaban. Todos eran bienvenidos, para todos había comida y un lugar donde dormir.

“Recuerdo mucho a un torero, de Cali –cuenta Simón–. Él y muchos otros llegaban al punto de seguridad y nos decían que apoyaban al Sandinismo y entraban, sin problema. Nosotros no éramos un ejército paralelo al Sandinismo, éramos un movimiento que brindaba solidaridad práctica”.

En la memoria de Simón están las semanas en las que conoció a brigadistas de Panamá y Venezuela con los que hizo amistad y también aprendió a hacer figuras en papel maché y madera del general Sandino y su bandera roja y negro, para financiar la revolución.

Días después, los miembros de la Brigada Simón Bolívar decidieron entrar a Nicaragua.

Fue por el este, por la selva. Los cultivos bananeros permitieron que el contingente de unas 80 personas llegara hasta Bluefields, en la costa Caribe sur del país centroamericano.

“Nosotros entramos y combatimos al lado del Frente Sur del Fsln –recuerda Simón–. Logramos desarmar a la Guardia Nacional y tomamos el poder. Un colega nuestro alcanza a ser alcalde de esa zona, pero empezaron los roces con los sandinistas porque desconocían la labor de la Brigada”.

En los combates –según Daniel Samper Pizano– se habla de unos tres colombianos muertos, de ellos hay pocos registros pese a que este periodista bogotano siguió de cerca todo lo que ocurría en Nicaragua a través de entrevistas y noticias que se publicaban en la revista Alternativa.

Según registros académicos e históricos la guerra en Nicaragua cobró alrededor de 35.000 vidas.

‘El día de la alegría’

Hace casi 43 años, el 19 de julio de 1979, se declaraba el triunfo de la revolución Sandinista que le ponía fin a la dinastía Somoza en Nicaragua.

Somoza huyó del país el 17 de julio, dos días antes del denominado ‘Día de la Alegría’. Esos días fueron celebrados en las calles por los nicaragüenses que se quedaron en el país, pues los seguidores de Somoza también huyeron del país.

“¿Recuerdas esas imágenes de televisión de la gente en Afganistán que se prendía de las alas de los aviones para irse? –pregunta Simón– Bueno, así, tal cual, eso mismo vi yo en el aeropuerto en Managua (capital de Nicaragua), los somocistas abandonaron sus mansiones, todo, no se querían quedar a ver qué hacían con ellos los del Fsln, era una locura ver a la gente en la pista de aterrizaje como corría desesperada para montarse a un avión. Yo nunca he escuchado tantos disparos en mi vida”.


Simón reflexiona sobre la situación y la trae al presente. Señala que en cada guerra ocurre lo mismo.

“Es como la gente que ahora se está yendo desde Europa central y Colombia, y muchas partes del mundo, para Ucrania a pelear contra Rusia –compara–. Si Ucrania gana, esa gente se queda allí, se asimilará a la nación; si pierde, pues les toca regresar derrotados. Nosotros estuvimos casi igual, solo que pese a la victoria tuvimos que regresar, pero derrotados por el Sandinismo”.

Tras las celebraciones, el país quedó sumido en la incertidumbre.

Simón y sus compañeros de la Brigada recorrieron las mansiones que habían quedado abandonadas tras la huida de los somocistas. El profesor asegura que eran mansiones gigantescas, llenas de lujos. Desde cuadros de pinturas célebres, propias de los museos, hasta esculturas y figuras de oro. Algo nunca antes visto por estos jóvenes.

“Yo recuerdo haber ido a una oficina norteamericana a informar a los medios del mundo sobre la victoria –señala Simón–. Tenían un télex y me pasé toda la noche estudiando para aprender a manejarlo y enviar información a todas partes. Estábamos felices por la victoria”.

La comunidad internacional reconoció al gobierno provisional, llamado el Gobierno de la Reconstrucción Nacional, era encabezado por cinco integrantes, dos de ellos del Fsln: Daniel Ortega y Moisés Hassan.

La Brigada Simón Bolívar estuvo tres meses en Nicaragua.

El regreso

El nuevo gobierno de Nicaragua reubicó a todos los miembros de la Brigada en Managua. Allí, desde las mansiones abandonadas, dieron inicio a una labor que Simón denomina “de organización”.

“La gente no sabía qué seguía, no tenían idea de organización ni nada –comenta Simón–. Es por eso que decidimos organizarlos, que supieran lo que es un sindicato, lo que es asociarse como colectivo humano, que supieran qué y cómo lo iban a pedir, sus reivindicaciones, lo que es comprensible, por los años de clandestinidad y anonimato”.


En poco tiempo, conformaron más de 100 sindicatos, con sus mesas directivas y estatutos, que luego formarían la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

Mientras tanto, la tensión con los sandinistas seguía creciendo, “ellos nos reclamaban que nosotros no habíamos combatido, pensaban que estábamos poniendo a la gente en su contra”.

Una noche, los miembros de la Brigada Simón Bolívar fueron citados a una reunión con la junta de gobierno.

“Se nos ocurrió hacer un llamamiento a todos los trabajadores para que se solidarizaran con la Brigada –indica el profesor–. En pocas horas la marcha llevaba más de mil manifestantes, varios de ellos armados. Algunos gritaban que nos dieran la nacionalidad nicaragüense”.

Según el recuerdo de Simón, los miembros de la Brigada aceptaron ingenuamente ingresar a la reunión.

Adentro, los acusaron de querer desorganizar, no les dieron la oportunidad de evaluar ni explicar por qué trabajaban por separado.

“La dirección del Fsln, que mantenía contacto directo con Cuba, viajó previamente para acordar con los cubanos lo que harían con nosotros –dice el profesor–. Inicialmente querían expulsarnos con el absurdo cargo de ser ‘agentes de la CIA’, pero finalmente nos expulsaron acusándonos de ‘extremistas de izquierda’ por recomendación de Cuba”.

Simón recuerda que pasaron la noche en prisión. Al día siguiente fueron enviados a Panamá, donde, según registros de medios, fueron torturados bajo órdenes de Ómar Torrijos.

Simón sostiene que es mejor no dar su nombre completo para evitar señalamientos, pues aún confiesa sentirse ofendido por el final que tuvo la revolución que casi todos los países de América Latina apoyaron, la última que logró un hecho significativo como lo es el derrocamiento de una dictadura.

“Después se constituye el régimen criminal de Ortega y por eso todo el mundo rompió con ellos –confiesa Simón–. Tuvimos una iniciativa de ayuda, y hasta donde sé ayudamos, pero el tiempo mostró lo que era Daniel Ortega y por eso está solo, como el dictador que es”.

Tras la expulsión de Panamá y su regreso a Colombia, este hecho quedó casi olvidado en los registros históricos.

El hoy docente sostiene que no valió la pena la participación de jóvenes intelectuales en este hecho.

- ¿Todo esto valió la pena?

- Sinceramente –responde categóricamente–, no valió la pena tumbar a un dictador para que luego otro dictador se apoderara del país.

*Nombre cambiado por petición de la fuente.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO

Fuente: Sistema Integrado De Información